América Latina y su problema de deuda de consumo

La introducción de las tarjetas financieras en mercados emergentes no solo representó para muchos consumidores una nueva forma de pagar, sino que también les permitió acceso al crédito. Los consumidores pudieron financiar más compras que nunca antes. Por supuesto, este nuevo acceso al crédito también llegó con todo un conjunto de retos, de los que muchos consumidores han sido testigos. Aunque el préstamo a través de tarjetas ha ayudado a algunos mercados a resurgir de manera más rápida luego de la recesión global o a expandir su economía en general, esta emergente categoría de préstamos también ha dejado a numerosos consumidores hundidos en las deudas.

Los problemas de deuda asociados con este tipo de préstamos para los clientes han sido especialmente pronunciados en América Latina, más que en cualquier otra región.

Adicionalmente, de los 15 mercados principales con la mayor dependencia de préstamos a través de tarjetas en 2013, cuatro se ubican en Latinoamérica (Venezuela, Colombia, Argentina y Brasil). De hecho, después del Asia Pacífico, que ha sido fuertemente influenciada por China, Latinoamérica es la región más dependiente del préstamo a través de tarjetas.

Tres países latinoamericanos (Colombia, Argentina y Chile) se encuentran entre los diez países de más rápido crecimiento en el aumento de la deuda a través de tarjetas de crédito desde 2008.

Los chilenos usan sus tarjetas para financiar gastos compulsivos.

Chile es el país que mejor puede ilustrar esta historia de despilfarro crediticio en Latinoamérica.

En las últimas dos décadas, Chile ha sacado a millones de la pobreza y ha eliminado los barrios pobres que rodeaban Santiago. Esta reciente prosperidad derivó en un boom de gastos de consumo, en parte permitido por el fácil acceso al crédito. Los chilenos, que antes conservaban sus pertenencias por décadas, empezaron a reemplazarlas a una tasa más rápida. Adicionalmente, los chilenos podrían por primera vez comprar productos que normalmente requerían meses de ahorro.

El éxito económico de Chile trajo consigo el uso del crédito de consumo debido principalmente a su fácil acceso. Aunque la definición de Euromonitor de préstamo a través de tarjeta incluye tanto el crédito asociado a tarjetas de tienda y de crédito, así como los préstamos que puedan tomarse contra tales tarjetas, es realmente el incremento en tarjetas de tiendas privadas el que ha extendido esta categoría de préstamos a través de Latinoamérica. Para el año 2013, los chilenos habían amasado el monto más grande de deuda en tarjetas como proporción del PIB del país, comparado con cualquier otro mercado en el mundo. De hecho, el chileno promedio tiene un monto en deuda en tarjeta de crédito comparable al de cualquier mercado desarrollado del mundo. Hasta el 2013, el chileno promedio tenía deudas por más de US$2.100, lo que pone a Chile por encima de mercados como Noruega, Australia y el Reino Unido.

Adicionalmente, la deuda general del consumidor como proporción del ingreso en Chile es mucho mayor a la de cualquier otro país latinoamericano. La relación deuda-ingreso del hogar chileno en 2013 era de 103%, aunque Euromonitor International proyecta que esta cifra caerá al 95% para el 2018. Esta proporción de deuda-ingreso es casi tres veces superior a la de sus contrapartes en Latinoamérica y, de hecho, se acerca más a la relación que existe en los Estados Unidos, donde el mercado todavía se ve afectada por las deudas hipotecarias. En Chile, la mayor parte de esa deuda puede ser atribuida a hipotecas, seguida por préstamos de tarjetas que de hecho, han sido la categoría de deuda de más rápido crecimiento desde 2008.

Tarjetas de tiendas se convierten en producto de entrada al sector financiero.

Las tarjetas de las tiendas fueron atractivas para los latinoamericanos porque no solo les permitían recibir precios especiales por bienes duraderos sino también por sus compras diarias de abarrotes. Adicionalmente, el proceso de aprobación para obtener una tarjeta de crédito de tienda (retail) a menudo es menos exigente que el de las tarjetas de marcas internacionales como Visa, MasterCard o American Express. Aunque estas redes internacionales operan en Latinoamérica, su incursión en la región se dio a través de asociaciones con terceros, como los retailers, ofreciendo reembolsos de consumo en tales tiendas u otros beneficios relacionados. A pesar de la presencia de marcas tradicionales y redes de pago, es más común que sean los retailers y no los bancos quienes emitan la primera línea de crédito a los consumidores.

Este acceso al crédito a través de instituciones no bancarias como los retailers, proporcionaba una vía para captar a la vasta población no bancarizada, pero frecuentemente se llevaba a cabo sin considerar la posición financiera del consumidor. El crédito era relativamente fácil de obtener para muchos latinoamericanos. Esto abrió la puerta a abusos, como las técnicas predatorias, cargos por interés anual que alcanzaban 200% o refinanciamientos unilaterales de la deuda. En junio de 2011, por ejemplo, La Polar, una de las empresas de retail más grandes de Chile, admitió haber incrementado de manera encubierta las tasas de interés y penalidades sobre deuda pendiente a más de un millón de sus tarjetahabientes en un intento fallido por impulsar las ganancias de su tienda por departamentos durante la desaceleración económica global. La Polar era conocida por apuntar al segmento de menores recursos, ofreciendo productos de electrónica, vestimenta y otros bienes que sus clientes podían comprar con las tarjetas de la tienda. El retailer recibió la aprobación de sus acreedores para reestructurar su propia deuda y poder seguir operando en Chile, además de acordar realizar compensaciones a sus víctimas.

La situación ocurrida con La Polar sucedió porque podían emitir crédito a los consumidores sin enfrentar los obstáculos regulatorios que los bancos deben superar. Como resultado, los retailers podían hacer uso de sus operaciones de préstamo de consumo masivo no regulado para impulsar sus utilidades sin considerar si tales acciones eran riesgosas. El clamor público al conocerse el escándalo de La Polar llevó a las autoridades chilenas a realizar cambios regulatorios, incluyendo medidas de transparencia. En general, empresas como La Polar, podían proporcionar a los consumidores ofertas engañosas basadas en información incompleta o parcial de manera que los consumidores poco informados autorizaran renegociaciones de deuda, compraran garantías extendidas o se convirtieran en víctimas de otras prácticas predatorias.

Alto endeudamiento podría frenar el crecimiento económico.

El fácil acceso al crédito no solo abrió la puerta a abusos de los cuales los consumidores todavía se están recuperando, sino que los altos niveles de sobreendeudamiento que actualmente existen entre los consumidores podrían restringir el crecimiento económico futuro. Puesto en palabras simples, si los consumidores se encuentran tan presionados que difícilmente pueden cumplir con los pagos mensuales de su deuda, no encontrarán el nivel de fondos necesario para estimular el crecimiento económico futuro. Por ejemplo, se espera que el crecimiento en el gasto del consumidor en Chile baje de 7% (tasa de crecimiento anual compuesto), entre el 2008 y 2013, al 5% entre el 2013 y 2018, medido en términos de precio constante al 2013 para descontar la inflación. Se espera que Brasil y Argentina también experimenten una desaceleración similar.

Artículo publicado en América Economía, escrito por Michelle Evans, Analista de Finanzas del consumidor en Euromonitor International.

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